Se estrenó la ópera ANOTHER BRICK IN THE WALL en el Place De Arts de Montreal, Canadá. La obra está basada en The Wall de Pink Floyd y con libreto de Roger Waters.

Tal como estaba previsto, el pasado 11 de marzo y con asistencia de Roger Waters, se estrenó la ópera ANOTHER BRICK IN THE WALL como parte de la celebración de los 375 años de Montreal.

La siguiente es una descripción de lo ocurrido durante el estreno. Información e imágenes tomadas de la revista Rolling Stone y del portal de Craig Bailey.

Traducción: Locombiano

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La Ópera ‘The Wall’ de Pink Floyd Intercambia el Rock por Poder Emocional

El estreno mundial en Montreal obtiene dos ovaciones de pie

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La nueva interpretación operática del álbum ‘The Wall’ de Pink Floyd prueba que las óperas rock no siempre necesitan ser rock

El estreno mundial de la producción de Another Brick in the Wall: L’Opera obtuvo una ovación de pie en el Opéra de Montréal aún antes de que la orquesta afinara. Sucedió cuando fue anunciado que el libretista, el ex miembro de Pink Floyd Roger Waters, estaba presente.

Fue un  momento memorable ya que fue hace casi 40 años que Waters, en esta ciudad, sintiéndose perplejo por las pendencieras audiencias en los estadios, enfocó su ira hacia un asistente y de acuerdo a la leyenda, lo escupió en la cara. La vergüenza posterior que sintió lo inspiró a escribir The Wall, que desde entonces se convirtió en un LP doble, una película y alucinantes giras de conciertos de Pink Floyd y Waters. Ahora, es una ópera moderna – usando algo de la música original de Floyd, pero mayormente ahondando en territorio atonal – y es parte de las celebraciones del 375 aniversario de Montreal, con comentarios en el programa de parte del alcalde de la ciudad y el ministro de la región de Quebec.

Pero ¿puede The Wall, la creación más duradera de Waters y una de las más grandes óperas rock, funcionar sin el rock? Sí y no. La mala noticia es que no es The Wall de Pink Floyd. La buena noticia es que no es The Wall de Pink Floyd – y vagamente es la obra de Roger Waters.

Aunque la producción contiene las mismas canciones y la misma secuencia, la historia de The Wall trae un mejor enfoque aquí. La ópera muestra las revelaciones de una estrella de rock que se aísla por propia voluntad, tan disgustado consigo mismo que se refugia en su mente para descubrir por qué se siente tan abatido, a menudo mirando su pasado en recuerdos a manera de “este es tu estilo de vida”. Con seguridad, esa también es la trama básica del álbum, pero viéndola actuada por personajes diferentes que interpretan las canciones, a diferencia de ser cantadas sólo por Waters, revela muchas cosas nuevas como cuando los Who lo hicieron al convertir Tommy en una película.

En Another Brick, el protagonista, Pink (brillantemente interpretado por el barítono Étienne Dupuis), ahora es capaz de hacer un dueto con su mamá (la soprano France Bellemare) en la canción “Mother”. También está su picante esposa, obsesionada por el dinero (la soprano Caroline Bleau) y el sádico profesor (el tenor Dominic Lorange, a quien se le encarga la frase más divertida del álbum, “If you don’t eat your meat …,” [“Si no te comes la carne…,”] que también está escrita en un tablero en la parte de atrás del escenario), y ambos cantan sus propias partes al llegar a “The Trial.” Y, lo mejor todavía, el papá que “flies across the ocean, leaving just a memory” [“vuela sobre el océano, dejando solo un recuerdo”] aquí es un personaje de carne y hueso (el tenor Jean-Michel Richer), interactuando con Pink cuando era niño.

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La obra también se beneficia del coro de cerca de 50 personas que no solamente hacen más grande la producción sino más ruidosa (aunque, como Waters lo ha probado en años recientes, bien puede hacerse aún más ruidosa). Suben por la pared, recrean las escenas de batallas, “run like hell” [“corren como el diablo”]. Esporádicamente, sus acciones son cursis (corren por todo el lugar), pero como es ópera – y no un musical de rockola de Broadway (podemos agradecerle a Syd en el cielo por ello) – la música impone un tono de solemnidad.

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Hay que darle el crédito al compositor Julien Bilodeau quien construyó su propia Wall, musicalmente, usando solo unos pocos ladrillos de Floyd. Muchos de los temas son totalmente irreconocibles. Grandes bloques de cuerdas trepan sobre tumultuosos cobres durante el caos de “In the Flesh,” mientras que Pink, en cámara lenta, expectora sobre uno de sus leales seguidores. Un mini coro de rameras groupies cantan desesperadamente “Young Lust” [“Joven Lujuria”] con Pink. La parte de “Vera” que dice “We would meet again some sunny day” [“nos encontraremos de nuevo algún día soleado”] es ahora un delirio rugiente de jazz caliente de los años 20’s – llevando todo a una conmovedora interpretación de todo el elenco de “Bring the Boys Back Home,” complementada por la exhibición de la frase de Eisenhower que Waters proyectaba en su más reciente gira. Y lo mejor de todo, “Comfortably Numb” entra a escena con unas cuerdas agitadas y minimalistas, permitiendo a Dupuis convertir la línea “I have become comfortably numb” en una aria sobresaliente con una melodía ascendente claramente diferenciada de la voz de David Gilmour.

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Es de resaltar también el enfoque rotundamente diferente a las secuencias “Nazi” en el segundo acto. Esa sección de The Wall siempre fue inquietante, pero escuchándola recontextualizada – tal como cuando Pink canta “the final solution” [“la solución definitiva”] y ordena a la policía perseguir a una mujer en hiyab y a un hombre Afro-Americano – la hace aún más perturbadora y mucho más poderosa como parte del desacreditado producto de la dictadura y el egoísmo.

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Aunque algunas veces es difícil no cantar los temas originales en la cabeza mientras se observa Another Brick in the Wall, para ser justos con la comparación, las diferencias entre las dos versiones simplemente van hasta donde la voluntad de Bilodeau quiere que vayan. Pero eso no quiere decir que él haga un borrador completo del proyecto original. “Mother” [“Madre”] y “Young Lust” [“Joven Lujuria”] todavía muestran las mismas melodías cantadas, y “The Trial” [“El Juicio”] – la extraordinaria pieza melodramática que Bob Ezrin orquestó – permanece casi intacta (¿dónde quedó la recreación operática de “Go on, judge, shit on him” [“Adelante, juez, cáguese en él”]?), aunque aquí, está dirigida por un juez vestido como un inmenso cuervo.

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 El gigantesco pájaro es extraño y grotesco – y otros personajes en “The Trial” ahora llevan disfraces de cuervo – pero todo esto no es tan bizarro para una ópera, donde los fantásticos disfraces conceptuales pueden ser la regla. En la mayor parte, sin embargo, Another Brick in the Wall difícilmente navega en el surrealismo total. El escenario tiene gigantescas pantallas LED que representan la legendaria pantalla circular de proyección de Pink Floyd, mostrando biberones contra una noche estrellada en “The Thin Ice” y la insignia de la compañía “Nazi” (aquí es una mirilla en lugar de los acostumbrados martillos de The Wall). Los miembros del coro están vestidos de enfermeras, de hippies y de asistentes a conciertos, y todos salen en masa como en una escena de Verdi para el número final, “Outside the Wall.”

No hay Vikingos ni gordas cantando para indicar que la producción finalizó, pero Bilodeau y sus colaboradores cumplen lo que se propusieron: transformaron el rock & roll en ópera pura. Y es en su mayoría un trabajo original, – mientras que el álbum de Floyd bordea los 80 minutos, Another Brick se acerca a las dos horas, algunas veces arrastrándose en baches pero en general manteniendo la emoción del material original. Ciertamente no parecerá atractivo al radio escucha promedio de rock clásico en el FM pero los Floydianos en serio compraron camisetas (poleras) y carteles a precios cercanos a los de los conciertos. La audiencia era una mezcla de espectadores bien vestidos que frecuentan la ópera, listos para ver La Bohème y Tosca de Puccini al final de la temporada, con atípicos jóvenes rockeros en capucha o con chalecos de Sons of Anarchy y jeans.

Sin embargo lo que todos tienen en común, es que cuando todo acabó, la totalidad de la audiencia se puso de pie para otra ovación, con los asistentes gritando “wow” y “bravo”. A juzgar por su reacción, es otro ladrillo que ha llegado para quedarse.

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