SIN TEMOR

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Escapando a la sombra: “Ocasionalmente quiero que se diga, ‘Wow, eso es duro.'” Roger Waters aparece en el show en el Zócalo, Ciudad de México, octubre 1 de 2016.

La carrera en solitario de Roger Waters inició con un “grito del corazón” lascivo y propio de la mediana edad que Pink Floyd no quiso transitar, y precedió a la exploración de territorios que aún sus más valientes pares, no se atrevieron a sondear. Después de un hiato de 25 años, está de regreso en el meollo del asunto, con un nuevo álbum hostigando a Trump y a Israel, y producido por el “testarudo” hombre detrás de Radiohead, Nigel Godrich. Historia ejemplarizante, política y… un momento, ¿amor? “No importa que sea amor por una mujer o por la libertad,” dice “es inmensamente importante”.

Por Alan Light

 

En julio de 1978, los miembros de Pink Floyd se reunieron en Britannia Row, su estudio al norte de Londres. Había pasado casi un año desde la conclusión de la gira In The Flesh, la cual terminó con un miserable espectáculo en el Estadio Olímpico de Montreal, donde un grupo de fanáticos pendencieros cercanos a la tarima, habían perturbado a Roger Waters de tal manera que éste escupió a uno de aquellos, mientras que David Gilmour se rehusó salir al escenario para tocar temas fuera de programa.

En el estudio, Waters presentó dos nuevas ideas para el siguiente álbum a Gilmour, Rick Wright y Nick Mason. Uno era un grupo de canciones sobre los sueños de un hombre durante una noche – lidiando con el matrimonio, el sexo y su lucha contra la monogamia. El otro era un demo de 90 minutos que tenía sus raíces en los sentimientos de alineación y desconexión de esa noche en Montreal y cómo eso se relacionó con la muerte de su padre en la Segunda Guerra Mundial mientras Roger era un niño; este proyecto tenía el título provisional Bricks in the Wall [Ladrillos en la Pared].

“Curiosamente,” dice Waters, “Steve O’Rourke, que era el manejador, quería hacer la primera idea. Pero el resto estaba de acuerdo cuando escucharon el demo. En forma expresiva dijeron simplemente “ese.”

“Se decía al respecto, ‘Oh, el demo de Roger era inaudible, era horrible.’ Muy bien, lo que sea, pero para ellos estaba muy claro que querían hacer ese disco.”

Todos sabemos lo que pasó a continuación. The Wall llegó a ser uno de los álbumes más vendidos de todos los tiempos y continúa vivo, décadas después, en múltiples manifestaciones y extensiones multi-media. Pero cuando los Floyd hicieron su escogencia, Waters guardó el otro concepto al cual retornó en 1983, en medio del prolongado rompimiento de Pink Floyd, y lo desarrolló en lo que fue su primer álbum, The Pros and Cons Of Hitch Hiking.

Ese álbum tuvo una trayectoria bastante diferente. En Rolling Stone, Kurt Loder lo describió “extrañamente estático, un disco sutilmente horrible, en el que la acostumbrada mordacidad de Waters, por primera vez, se diluye en medio de música insulsa.” No entró al Top 10 en el Reino Unido, y alcanzó el número 31 en las listas de los Estados Unidos de América. Hubo comentarios sobre una película basada en el texto – un comunicado de prensa anunció que una adaptación se había concluido – pero nada se publicó a partir de allí.

El siguiente álbum de Waters, Radio K. A. O. S. de 1987, fue una metáfora elaborada sobre la política y el monetarismo, y su desempeño en listas fue aún peor. Mientras que sus ex – compañeros banda estaban de gira bajo el nombre de Pink Floyd y estaban agotando entradas para espectáculos en estadios, Waters estaba presentándose ante “4,000 personas en sitios con 12,000 butacas.”

Pero hoy, sorbiendo un latte en un estudio de grabación en las alturas del extremo sur del Manhattan’s Madison Square Park, Waters de 73 años sostiene que no recuerda la forma en la cual estos proyectos fueron percibidos. De hecho, él cuenta que justamente estaba pensando en las letras de The Pros And Cons… el día anterior.

“De verdad disfruté esas giras con Eric Clapton y la banda,” dice. “El espectáculo que armamos, aunque nunca fue filmado, fue muy divertido. De manera que no sé… creo que vive su propia vida. La gente se acerca y me dice, ‘Oh, mi favorito es Pros and Cons, o The Final Cut, o esto y lo otro’ – en realidad no importa. Que esos trozos tengan algún valor es suficiente para mí.”

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Adiós mundo cruel: Waters en el tour The Wall, 1980. “Hay algo de música, y algo de historia, que es profundamente conmovedor. Es todo lo que se necesita.”

Waters giró su cabeza levemente, y su voz – ya un murmullo bajo – se hace cada vez más leve. “Realmente me siento afortunado de haber tenido la oportunidad de haber ventilado asuntos privados y haber hablado de algo de mi vida amorosa públicamente, de alguna forma fue muy satisfactorio. Particularmente porque mi padre no regresó [de la guerra] a casa cuando yo todavía era un niño, causando sobresaltos cada vez que un hombre entraba a mí cuarto, porque desesperadamente estaba en busca de ese apoyo. Necesitaba esa palmadita en la cabeza, necesitaba a alguien que me alborotara el pelo y me hiciera reír de nuevo. De manera que de alguna forma tenía que encontrar eso, y lo hice.”

Habría otro álbum más en solitario, Amused to Death en 1992, que fue celebrado ampliamente como un retorno a las formas. Y ya no hubo más discos nuevos de Roger Waters – nada de música en lo absoluto, más allá de Ça Ira en 2005, una ópera basada en la Revolución Francesa, y la canción Hello (I Love You) para la película de ciencia ficción de 2007, The Last Mimzy.

Después de un largo hiato, empezó a estar de gira de nuevo en 1999, y ha continuado en forma consistente en la carretera, con más énfasis en material de Pink Floyd, con escenarios cada vez más elaborados, y con cada vez más éxito. Desde 2010 hasta 2013, llevó la gira The Wall Live alrededor del mundo, haciendo 219 shows y recaudando USD $ 458 millones – la gira más exitosa de la historia para un artista en solitario.

Pero ahora, después de 25 años, Waters ha retornado con su Is This The Life We Really Want? Producido por Nigel Godrich (Radiohead, Beck, Paul McCartney), las 12 canciones invocan una búsqueda del Pink Floyd clásico, con la típica mirada ácida de Waters hacia el mundo, pasando por indignación política y terminando en una súplica de amor.

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Para algo tan trascendental como volver a grabar después de todos estos años, parece que el álbum gradualmente tropezó hasta llegar a su correcto enfoque. “Cuando estaba de gira haciendo The Wall,” dice Waters, “escribí esta canción, que se convirtió en Déjà Vu, y como que me gustó. Se la enseñé a algunos de los miembros de la banda, sentados alrededor de una mesa. Y luego tuve una idea de hacer una pieza como para una emisión radio y terminé con un montón de canciones.”

Para el concierto/documental Roger Waters: The Wall, el co-director Sean Evans trajo a Godrich para trabajar en el sonido. Waters presentó a Godrich sus nuevos demos. “Él dijo, ‘Si, eso está muy bueno, pero en la práctica no es un disco – es material como para una transmisión de radio.’ De manera que hablamos sobre la posibilidad de hacer un disco.

“Nigel dijo, ‘realmente me gusta este trozo y me gusta ese otro. A la basura con el resto.’ De acuerdo, entonces empecemos con esos dos trozos, y progresemos sobre ellos.”

Godrich armó una banda y trajo a Waters al estudio. “Él dijo, ‘¡Toca el bajo!’ ‘Bueno, yo realmente no quiero.’ ‘¡Pero eso es lo que haces!’ ‘Bueno, es una de las cosas que hago…’ De manera que toqué el bajo por un momento, y luego me gustó lo que hicimos, de manera que empezamos a escribir canciones sobre el material que habíamos estado tocando.”

Waters desenterró un poema “largo, escandaloso” que había escrito en 2008 llamado Is This The Life We Really Want? Y empezó a modificarlo en letras para algunas de las canciones que estaban construyendo.

Mientras un álbum iba tomando forma, hubo canciones que se materializaron a partir de otras fuentes. “The Most Beautiful Woman tomó vida por si misma,” dice Waters. “Yo no tenía idea de qué se trataba, simplemente traté de ajustar la métrica a algunas de las líneas, y me encantó la música, que constantemente cambia de tonalidad.

“Había desarrollado un gran acercamiento a esta particular niña Yemení que está en un documental llamado Dirty Wars. Llegué a desarrollar casi una obsesión por esta niña, de manera que pensé que tal vez enfocaría esa canción y la haría sobre ella, y de cómo ella fue asesinada – sobre la relación potencial entre un marino y una nave de guerra y una pequeña niña que está a muchos cientos de millas y a quien él mata. ¿Cómo se siente, para todos los implicados, y qué significa eso, y cuál es el objetivo y por qué alguien haría eso?”

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El cierre, una mini-suite de tres canciones, construida alrededor de la canción Wait For Her, estuvo inspirada por asuntos menos mundanos.

“Tuve un romance un par de años atrás,” dice Waters quien se ha casado cuatro veces, “fue muy corto pero muy apasionado, y eso me transportó a un lugar diferente. De manera que esa fue la idea de que el amor pudiera ser experimentado trascendentalmente y usted puede lidiar con muchos aspectos negativos si usted está preparado para aceptar el amor. Ya sea el amor por una mujer o por la libertad, o la empatía por una pequeña niña, es sumamente importante.”

Halar estos hilos juntos para hacer un trabajo coherente significó colaborar con Godrich y permitirse a él mismo ser producido después de tanto tiempo. “Fue difícil pero maravilloso,” dice. “Nigel y yo bromeamos entre nosotros porque yo podría decir, ‘puede que usted tenga razón.’ Y Nigel inmediatamente indica, en otra forma de decirlo, ‘No sea tan estúpido.’ Pero en realidad lo que yo quise decir fue ‘no comparto su opinión, pero usted podría estar en lo cierto, ¿quién lo sabe?’”

Waters ilustra su voluntad de diferir con Godrich señalando un verso final de Déjà Vu – una balada meditabunda, que crece lentamente, repitiendo la frase “If I had been God” [“Si yo fuera Dios”] – que permitió que fuera truncado. Asume que el verso fue desechado porque era muy directo políticamente; Waters ha sido un apasionado de vieja data de defender la causa Palestina, ha perdido patrocinios y exposición por su apoyo al movimiento de protesta Boycott, Divestment, Sanctions (BDS) [Boicot, Desinversión, Sanciones] contra la política de Israel.

“No se menciona el asunto Palestino – Israelí, pero si usa la palabra ‘preferidos’, que es una palabra muy problemática,” dice, antes de recitar las líneas editadas: “If I had been God/I would not have chosen anyone/I would have laid an even hand on all my children, every one/I would have been content to forego Ramadan and Lent/Time better spent in the company of friends/Breaking bread and mending nets [Si yo fuera Dios/No hubiera tenido preferidos/Hubiera puesto mi mano por igual sobre todos mis hijos, cada uno/Hubiera quedado satisfecho al pasar por alto el Ramadan y la Cuaresma/Hubiera preferido pasar el tiempo con amigos/Compartiendo el pan y compartiendo las utilidades.]”

“Tiene todo tipo de referencias bíblicas, y tiene a todas las religiones Judaicas, al menos a las que se hace alusión,” dice. “Me gusta como letra, y también tiene una inmensa porción de blasfemia, de manera que es muy provocativa pero también muy inclusiva y amorosa. Pero no está en el disco y eso está bien.

“Él es de su propio parecer, Nigel, y es muy determinado, pero no es estúpido. Está muy enfocado en lo que escucha y quiere lo mejor que sea posible alcanzar. De manera que es un tipo agradable para trabajar y creo que él ha hecho – y digo que él ha hecho – un disco realmente bueno, y le agradezco por ello.”

Con su furia hacia el militarismo, la situación de los refugiados, y el medio ambiente, Is This The Life We Really Want? Parece plantar su bandera específicamente en este momento de la historia. Pero Waters sostiene que la llegada del álbum en la era Trump/Brexit es simplemente una feliz – o, más exactamente, una triste – coincidencia.

“Nada de está mierda va a cambiar en los próximos cien años,” dice. “Esta mierda continuará y continuará. No vamos a desarrollar de repente un sexto sentido para decir, ‘Ah, lo tengo – si solo cooperáramos y mostráramos empatía entre nosotros y paráramos toda esta mierda de los asquerosos extranjeros y volviéramos atrás las ideas nacionalistas o la supremacía racial, todo estaría perfecto. O al menos mejor.’ ¿De dónde vendría todo eso?”

La banda que lo acompaña en la gira acaba de llegar a Nueva York, y Waters interrumpe nuestra entrevista para encontrarse con ellos e iniciar los preparativos para el tour Us & Them. “No hay tiempo – menos de un mes,” dice. “Tenemos alrededor de 12 días de ensayo y luego 20 días de ensayo de producción, y luego boom. Todo está listo sin tiempo para desperdiciar, lo que es más asustadizo que el infierno pero realmente energizante.”

La primera parte de la gira consta de 50 fechas en Estados Unidos y Canadá entre mayo y octubre. El concepto visual del show inicialmente tomó forma en el pasado otoño en el festival Desert Trip en California, donde Waters cerró la noche final del ‘Oldchella’ formando parte del cartel dream-team en lo que se convirtió en el festival más lucrativo de la historia.

“Paul Tollet [el promotor del evento] dijo, ¿Quieres ser Pink Floyd en el Desert Trip? A lo que respondí, ¿De qué diablos hablas?” Waters recuerda. “Él dijo, ‘tengo la idea de hacer un fin de semana con The Beatles, The Rolling Stones, y Pink Floyd, y luego también estarán Bob Dylan, Neil Young, y The Who.’ Y dije, ¡Suena bien para mí!

“Confieso que estaba muy feliz de que se me ofreciera llevar esa bandera, aún si fuera por una sola fecha. Fue un gran honor, y un gran placer también. No lo tomo a la ligera. E hicimos un buen trabajo. Pero ahora tengo que arreglármelas sobre ¿cómo diablos llevar algo como el Desert Trip a coliseos? Y creo que lo conseguí. Creo que lo hice – bueno, no se sabe, pero estoy muy confiado.”

Para la mayoría de las giras de Waters, él ha construido su show alrededor de un solo álbum, pero las presentaciones de Us & Them serán más como una retrospectiva de su carrera, sin particular énfasis en Is This The Life… “Estoy trabajando en cuatro canciones, pero no vamos a tocar el álbum completo,” dice. “Sería contraproducente. Se necesita un coraje particular para hacer eso. Neil Young lo hace, salir y tocar un álbum completo. Yo no puedo hacer eso – lo admiro, pero no puedo; parcialmente porque en realidad no quiero ir a hacer ese tipo de show. Yo quiero escuchar tanto Old Man o After The Gold Rush como el material nuevo.”

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El show en Desert Trip, seguido por un solo concierto en Ciudad de México, visualmente fueron asombrosos; a tal punto que son la rúbrica de los cada vez más grandes escenarios de Roger Waters. ¿Pero necesita él superarse a sí mismo? ¿Y extenderse en la producción es lo único suficiente como reto creativo?

“Lo que me emociona,” dice, “es que hay momentos en el show donde te quedas (jadea) y te golpea. Te golpea como lo hace el show The Wall, te golpea en Vera, cuando ves a la niña ponerse de pie y darle la bienvenida a su papá. Yo miraba a la audiencia cada noche y podías ver lo que sucedía (soltar una lágrima que rueda por su cara). Porque en realidad es muy conmovedor y eso es lo que busco. Quiero que la gente vaya y diga ‘¡Yeah, yeah, rock’n’roll!’, pero ocasionalmente quiero que digan ‘Wow, eso es duro’ o ‘eso es conmovedor’, momentos que emocionan, al nivel más profundo, que mueven tu capacidad de compasión.”

Mientras tanto The Wall permanece, extendiéndose constantemente en diferentes plataformas. Más recientemente, fue presentada como una ópera – estrenada, irónicamente en Montreal, la ciudad en la que los engranajes del álbum se pusieron en marcha por primea vez. “Fui al estreno y fue realmente muy interesante,” dice Waters. “Fue grandioso y lleno de imágenes, y es muy impresionante. Quiero verla otra vez. Es indescriptible.”

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Por décadas se ha hablado sobre adaptar The Wall como una pieza de teatro musical, y Waters continúa trabajando con el director Simon McBurney para llevarla a las tablas. “Hemos trabajado en ensayos con siete u ocho actores y 14 estudiantes de música, uno de estos chicos tocando el piano, sin vestuario ni nada de esas cosas,” dice. “Y hacemos Bring The Boys Back Home y la gente que está sentada viendo, literalmente solloza. No es necesario todo el arsenal y la escenificación – hay algo de música, y algo de historia, que es realmente conmovedor, y eso es todo lo que se necesita.”

Waters también está cavando sobre los días de Floyd publicando por sí mismo In The Pink, escrito por su amigo fallecido Nick Sedgwick. La primera mitad del libro es un relato de cuasi – ficción de un verano que Sedgwick pasó con Waters y su primera esposa Judy, mientras su matrimonio se deshacía. El material restante del libro hace una crónica de la gira de Pink Floyd de 1974 que siguió al lanzamiento de The Dark Side Of The Moon, capturando las primeras agitaciones de desconexión y frustración que eventualmente resultarían en un alto de la banda.

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“Nick tenía una grabadora de cassette, y cada palabra que ves escrita está en un cassette, dice Waters (la edición de lujo del libro incluirá una memoria USB que contiene las grabaciones). “Es tan disfuncional, y realmente es interesante y entretenido. En un principio nos pareció que era como mierda – tratábamos a la gente en mala forma y nos tratábamos entre nosotros de manera extraña, somos humanos. Es la realidad de lo que éramos durante ese período de nuestras vidas, que creo es fascinante. Porque la gente construye toda clase de fantasías sobre cómo es la vida en una banda de rock’n’roll, y allí se muestra como es en realidad.”

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Waters anunció inicialmente planes para publicar el libro después de la muerte de Sedgwick en 2011, pero David Gilmour bloqueó esos esfuerzos. “Él piensa que no tiene suficiente crédito,” dice Waters. “Todos tenemos diferentes formas de mirar lo que pasa adentro y alrededor de nosotros y él siente que no es una descripción verdadera de nuestras vidas y de la forma de como la banda era. Y probablemente todavía piensa así.

Lo único que he escuchado que dice es que debería llamarse Mi Amigo Roger y no In The Pink. Él siente que de alguna manera es un relato muy sesgado. Bueno, está bien, que escriba su propio libro, espero que me entiendas lo que quiero decir – no estoy siendo un mocoso, pero creo que es un buen documento. Quiero verlo publicado en homenaje a Nick. Era un buen escritor y un buen amigo y yo lo amaba y lo extraño inmensamente.”

A pesar de las tensiones inacabables que rodean a Pink Floyd, hace mucho Roger Waters hizo las paces con el legado musical del grupo: “El trabajo que hicimos – David y Rick y Nick y yo – fue realmente especial,” dice. Claro que eso no es escapar a su sombra, Waters lo recuerda mientras se acerca la fecha de lanzamiento del nuevo álbum.

“A través de casi el final del proceso, había unos vacíos musicales,” dice. “En Déjà Vu, hay una sección en el medio que no existía 10 minutos atrás. Nigel dijo, ‘Pues, simplemente escribe algo para este trozo.’ ‘¿Pero qué va en el medio?’ y él dijo ‘tienes que escribir algo como “two lost souls swimming in a fishbowl”.’ Y dije, ¡A la mierda!

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“Es decir, entiendo lo que quiere decir, pero yo escribí la totalidad de la canción Wish You Were Here – no el riff de guitarra, eso es de David, pero los acordes y la melodía y toda la letra – en una hora. ¿De dónde vino eso? ¿Quién lo sabe? No puedes invocar algo como eso por encargo. Estás en la convergencia de sentir todas las cosas que has experimentado toda tu vida, y si eres escritor, ellas surgen, de pronto, si estás de suerte. Y luego, un par de días después tú te dices, ‘La verdad, eso quedó muy bien.’”

 

“ÉL NO ES EL IMBÉCIL QUE TÚ CREÍAS QUE ERA”

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Conocer a Roger Waters fue una sorpresa placentera para Nigel Godrich. “Él era jovial, divertido, relajado, y mucho más feliz de lo que yo esperaba,” dice el productor. “No el imbécil que tú creías que era – el mítico cascarrabias que destrozó a Pink Floyd.”

Y cuando Waters se le acercó para colaborar en Is This The Life We Really Want?, Godrich tenía un sentido claro de la dirección que quería tomar. “Roger tiene una excelente perspectiva de las cosas,” dice. “Conoce a toda esta gente, ha hecho todo eso. Estaba emocionado por la posibilidad de escuchar lo que tiene que decir como estadista veterano, siendo honesto consigo mismo y diciendo lo que tiene que decir.”

El trabajo de Godrich produciendo a Radiohead por 20 años ha dibujado constantes comparaciones en el sonido de Pink Floyd, pero recalca que su inspiración se inclina más por los ‘70s que por cualquier banda en específico. “Siento que busco a Hunky Dory, pero parece que siempre obtengo Led Zeppelin III”, dice. “Hubo un trabajo tan grandioso en ese entonces. Es un período que siempre uso de referencia como paleta sónica.”

Godrich agrega que los miembros de Radiohead no tienen ninguna fijación particular con Floyd. “Thom’s no es un gran fanático de Pink Floyd y creo que Jonny Greenwood diría que le gusta Obscured by Clouds y los trabajos instrumentales más viejos. Yo entiendo por qué la gente los compara, pero en realidad no creo que sea lo correcto. Son dos bandas que hacen discos concretos y tienen un acercamiento más inteligente a lo que hacen – más cerebrales, menos ‘a la mierda’.”

Mientras tanto, Godrich se vio obligado a admitir que su conocimiento del trabajo en solitario de Waters no era para nada enciclopédico.

“En el estudio, él recitó un verso que yo no conocía y él me dijo que era del Amused To Death. Fui a escucharlo y no fui capaz de oírlo – [el álbum] era tan ruidoso y tan probremente mezclado. Creo que escuché Pros and Cons, y traté de sumergirme en Radio K.A.O.S. pero no pude. De manera que tan respetuosamente como pude, traté de decirle a Roger que yo era un gran fanático de Pink Floyd, pero que en realidad no pude digerir los trabajos posteriores.”

Hay pasajes en Is This The Life… con cuerdas majestuosas y bloques dramáticos de sonido que solo pueden ser descritos como ‘Floydianos’. Godrich admite que hubo momentos en los que vaciló cuando él se acercó demasiado al origen.

“Quise traer todo ese período sónicamente, pero hubo unas pocas veces que pensé, está al límite,” dice. “Pero cuando él usa esos mismos acordes y cuando toca el bajo, es cuando tú realmente reconoces el sonido. En forma egoísta, tú haces cosas que quieres escuchar – de manera que si suena como Pink Floyd, ¿es eso un problema?

Alan Light

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